Después de una pícara charla, de desencuentros en las redes, se acordó un día, un horario. Nos reconocimos, te acercaste. No puedo negar que el saludo fue incómodo, un beso en la mejilla incierto que no garantiza que el próximo acercamiento sea de la misma magnitud. Iniciamos una charla, no hablamos nada especial, simplemente lo primero que se nos vino a la cabeza para evitar el silencio. Ahora estamos en la sala del cine, hay muy pocas personas en ella, ninguna en nuestra fila ni en las tres adyacentes. La película es aburrida, tanto que en cualquier otra ocasión me hubiese quedado dormida. Pero ahora no puedo hacerlo, no por sentir que tengo la responsabilidad de verla, si no porque me siento ansiosa. Cada tanto volteo a verla y está atónita observando la película, le cautivó, al igual que ella a mí. La observo. Tiene la piel de porcelana. Sus facciones son suaves, delicadas, tanto que parece una muñeca. Agarro su mano, está fría, casi tanto como si no estuviese viva, pero su pulso me recuerda que lo está. Su atención ahora me pertenece, nuestras manos lograron llegar a la misma temperatura. No puedo sacar mi vista de su boca. Sus labios entrecerrados me están invitando sigilosamente al encuentro. Me acerco, siento su respiración. ¿También está nerviosa?. Invado lentamente su cuerpo. Besarla se siente diferente. Sus labios son diferentes. Son tan suaves, podría estar horas besándolos. Mi mano recorre su mejilla y se asienta debajo de su oreja. Su piel es tan suave. Puedo tocar parte de su cabellera la cual no deja de emanar una fragancia familiar, seguramente usé ese shampoo antes. Al alejar mi boca escucho que desprende un pequeño gemido, pidiéndome que siga,
empujándome a hacer un desastre con ella. En cuestión de segundos dejamos de estar en la sala. Se escucha la película como si estuviese debajo del agua. La miro a los ojos, los tiene entrecerrados, brillosos, sus mejillas se enrojecieron. Su expresión me hizo hervir la sangre. Mis pensamientos se tratan solo de como invadir cada espacio de su cuerpo, de como volverla loca al punto de que lo único que despida su boca sea mi nombre...

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