Que comience el juego.

No me hables, estoy pensando, me distraes. ¿Quién soy yo para aprisionarte? Si me gustaste libre como sos. Siento fuergo en la sangre cuando me miras con deseo, una fría brisa refresca mi espalda y nada queda en mis pensamientos más que tu boca. No confias en nadie, yo tampoco lo hago, ¿Cómo lo solucionaremos? No pienses más, deja que el camino nos sorprenda, perdamonos juntos en este juego de a dos. Pon las reglas, estaré a tu merced. Tira los dados, que empiece la partida. Aguarda un momento, apostemos algo. El que pierda tendrá que cargar con numerosos recuerdos que probablemente no hagan más que daño. Ahora sí, buena suerte y que comience el juego.

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